Conocí a JuanFran (JF) hace ya la friolera de 14 años. Por aquel entonces, éramos dos veinteañeros con ganas de comernos el mundo. Él, periodista. Yo, ingeniero. Nos unió nuestra común pasión por el mundo del motor. Claro, que después descubriríamos otros nexos de unión, como el baloncesto. Recuerdo la época en la cual, cada semana, nos reuníamos para ir a practicar nuestro deporte favorito para después darnos un homenaje en un chino o en un italiano. Buenos tiempos.

En aquella época, comenzó lo que es el germen de todo este embrollo. Comenzamos a probar coches. Aún recuerdo la primera prueba, con un Opel Meriva. A esa le siguieron otras: BMW 535i, Volvo V70 R (¡qué duro iba!), Mercedes Clase S, Audi TT, Ford Mondeo… en todas y cada una de ellas aprendíamos algo nuevo. A hacer las cosas mejor.

El tiempo nos separó (lugar de residencia), pero ambos crecimos profesionalmente. Y nunca perdimos el contacto. En la actualidad, resido fuera de España, pero aún tenemos comunicación diaria. Y sé de sus actividades. Nos enriquecemos mutuamente. Son incontables las veces que le he dicho “No tienes ni puta idea”. E innumerables las que me ha dicho: “No tienes jodida empatía”. Ingeniero vs. periodista. Siempre con el mundo de la automoción de trasfondo.

Así, cuando JF me propuso tener un espacio aquí, no lo dudé. Bueno, sí. Le pregunté si estaría de acuerdo con mi estilo políticamente incorrecto. Y si podía hablar de lo que se me pasase por la cabeza. La respuesta fue “sí”. Pues allá vamos.